¿Estamos inmersos en una guerra climatológica y de control mental?

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Originally posted 2016-12-20 09:42:56.

¿Estamos inmersos en una guerra climatológica y de control mental?
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¿Estamos inmersos en una guerra climatológica y de control mental?

Visto en: Oldcivilizations

Puede que las siglas HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Project) no les suene a algunos de los lectores, pero corresponden a un misterioso proyecto de la Fuerza Aérea norteamericana. En unas instalaciones militares situadas en Gakona, , se está desarrollando un proyecto que consiste en 180 antenas que, funcionando conjuntamente, equivaldrán a una sola antena emitiendo a 1

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GW (gigavatio) =1.000.000.000 W (vatios), es decir mil millones de ondas de radio de alta frecuencia que penetrarían en la atmósfera inferior e interactuarían con la corriente de los elecrojets aureales o corrientes de Birkeland. El vatio o watt es la unidad de potencia del Sistema Internacional de Unidades. Es el equivalente a 1 julio por segundo y es una de las unidades derivadas. Expresado en unidades utilizadas en electricidad, un vatio es la potencia eléctrica producida por una diferencia de potencial de 1 voltio y una corriente eléctrica de 1 amperio. Hay una electricidad flotando sobre la Tierra llamada electrojet aureal, en que al depositar energía en ella se cambia la corriente y genera ondas de baja frecuencia (LF) o de muy baja frecuencia (VLF). Se supone que la tecnología HAARP tendría la intención de acercar el electrojet aureal a la Tierra, con el objetivo de aprovecharlo como una gran estación generadora. Entonces la tecnología HAARP enviaría haces de radiofrecuencia hacia la ionosfera. A causa de ello, los elecrojets aureales afectarían al clima global. Algunas veces durante una tormenta eléctrica llegan a tocar la Tierra, afectando a las comunicaciones a través de cables telefónicos y eléctricos, así como con la interrupción de suministros eléctricos e incluso produciendo alteraciones en el estado del ser humano. La tecnología HAARP actuaría como un potente calentador ionosférico. En este sentido podría tratarse de una sofisticada arma geofísica y climática. Curiosamente, en 1899, el genial científico e inventor Nikola Tesla ya descubrió que la temperatura general del planeta estaba subiendo lentamente, lo que conocemos hoy en día como calentamiento global. Tesla pensó que ello estaba siendo producido por condiciones naturales, así como por alguna interferencia artificial y extraterrestre.
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Nikola Tesla nació en Smiljan (Croacia) en 1856, y murió en Nueva York en 1943. Tesla inventó la corriente alterna y el motor de inducción electromagnética, que tanto han ayudado a la evolución tecnológica de la Humanidad. Fue el primero en suministrar electricidad mediante corriente alterna procedente de la central hidroeléctrica de las cataratas del Niágara. Sus investigaciones abarcaron casi todos los campos de la ciencia, como la termodinámica, las radiaciones, la energía solar, los rayos X y cósmicos, la fotografía, la fluorescencia, la robótica, el electromagnetismo e, incluso, la radio, aunque no le fue reconocido oficialmente, ya que Marconi se apropiaría de la idea básica de Tesla. Tesla ya habló, hace más de un siglo, de la televisión, los satélites artificiales, o de la conquista del espacio. Uno de sus sueños era que todos los habitantes del planeta pudieran comunicarse e, incluso, proporcionarles energía gratuíta. En su laboratorio de Colorado Springs Tesla hizo una serie de experimentos y descubrimientos que, hoy día, continúan asombrando a los expertos. Un día captó unas ondas de radio procedentes del espacio, convirtiéndose en pionero de la radioastronomía. Pero hay otras fantásticas invenciones que poca gente conoce y que, supuestamente, Tesla fue capaz de llevar a cabo. Inventó un sistema de transmisión de energía inalámbrica. En sus experimentos de transmisión de energía sin cables, fue capaz de encender 200 lámparas de 50 vatios a casi 42 kilómetros de distancia de su estación. Pero el propio Tesla escribió que las señales se podían transmitir hasta una distancia de más de 900 km. Aparte del motor eléctrico de inducción, diseñó una turbina con un rendimiento del 60 %, frente a las demás, que apenas llegaban al 40 %. La diferencia revolucionaria de la turbina Tesla estriba en que el fluido trabaja en régimen laminar, mientras que las otras lo hacen en régimen turbulento, de ahí las menores pérdidas y diferencia espectacular de rendimiento de aquella frente a las turbinas convencionales. Otra particularidad de dicha turbina es su ausencia de hélices. En su lugar tenía una serie de discos metálicos muy finos, separados ligeramente entre sí, para crear un flujo laminar y minimizar las pérdidas por rozamiento. A mediados de la década de 1890 inventó un robot sumergible controlado a distancia. También construyó un motor de energía solar, diseñó un sistema de propulsión iónico, e investigó sobre las vibraciones. Fue el primero en poner en práctica el fenómeno de resonancia postulado por Lord Kelvin.

 

Pero, desgraciadamente, los asombrosos descubrimientos de Tesla también se están usando con fines militares, como el proyecto HAARP. Cuando murió Tesla, agentes federales del gobierno estadounidense confiscaron sus archivos con todos sus inventos, patentes y demás descubrimientos, y fueron declarados como documentación secreta. Dicha documentación sigue sin publicarse. Las bases de la transmisión inalámbrica de Tesla están en su descubrimiento de la resonancia Schumann. Esta resonancia es una especie de pulso electromagnético rector, definida como una serie de picos de muy baja frecuencia en el campo electromagnético de la Tierra. La Tierra se comporta como un enorme circuito eléctrico. La atmósfera actúa como un conductor débil, lo que permite que la electricidad prevaleciente no se disemine. Los relámpagos excitan la cavidad formada entre la superficie de la Tierra y la ionósfera, lo cual detona la resonancia Schumann en todo el planeta. Esto es lo que Tesla haría al disparar distintas frecuencias hacia la ionósfera, simulando relámpagos, con lo que obtendría un flujo de energía de baja frecuencia. La resonancia Schumann puede ser usada para monitorizar la actividad electromagnética incluso en otros planetas. Esta técnica ha sido adaptada para crear auroras artificiales. Para algunos científicos la resonancia Schumann es una especie de marcapasos global, el patrón de frecuencia que regula eléctricamente a todos los organismos del planeta. Calculada en 7,83 hertz es equivalente a las ondas cerebrales alpha, asociadas con estados de tranquilidad mental. Marca el ritmo del planeta.

 

En nuestras conversaciones con otras personas,  frecuentemente decimos algo parecido a esta frase: “ vuela. Casi no me he dado cuenta y ya ha pasado una semana”.  Pues todo parece indicar que hay razones físicas para esta sensación. En la década de los 50 del siglo XX, en la Universidad Tecnológica de Munich, Alemania, daba clases y efectuaba trabajos de investigación un profesor de física, llamado  Dr. W. O. Schumann. Durante sus investigaciones  descubrió un efecto de resonancia en el sistema global que abarca  la Tierra, el aire y la Ionosfera, hoy conocido como Resonancia Schumann. En Física, a este efecto se le denomina “Onda transversal-magnética“. Se ha comprobado que estas ondas resonantes vibran a la misma frecuencia que las ondas cerebrales de los seres humanos y de todos los mamíferos en general, ó sea 7,83 hertz (ciclos por segundo).  En algunos países han estado experimentando con estas ondas resonantes estudiando sus variaciones y formulando nuevos proyectos en el entorno de la física cuántica. El proyecto más preocupante es su utilización como arma militar, ya que la manipulación de dicha resonancia podría interferir en los procesos psíquicos de los potenciales enemigos. Tal vez sea debido a esta utilización militar que la resonancia Schumann es poco conocida incluso en ambientes científicos.  el Dr Schumann estaba trabajando en cálculos y proyectos de potenciales eléctricos con sus alumnos universitarios. En una oportunidad les planteó como ejercicio el cálculo del potencial de dos superficies semiesféricas ubicadas a una determinada distancia entre si y que eran eléctricamente conductoras. Durante el experimento les propuso: “Aquí tenemos la tierra y la ionosfera. Consideren como ejemplo el diámetro de la tierra y el diámetro de la inferior de la ionosfera y calculen qué frecuencia propia resulta ahí“. El Dr. Schumann, al verificar los cálculos que realizaban los estudiantes obtuvo un resultado de unos 10 Hertz por segundo, que fue publicado en los suplementos de divulgación científica de la Universidad.  El Dr. Ankermüller, médico de profesión que se interesaba por la Física, leyó los resultados y le sorprendió que estos dieran una frecuencia característica del ritmo alfa de las ondas cerebrales. Las ondas alfa tienen una frecuencia de 8 a 12 Hz y están asociadas con estados de relajación. Se registran especialmente momentos antes de dormirse. Sus efectos característicos  son: relajación agradable, pensamientos tranquilos y despreocupados, optimismo y un sentimiento de integración de cuerpo y mente.

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El Dr Ankermüller se comunicó inmediatamente con el Dr. Schumann  y le dijo que su conclusión era sorprendente, ya que el ritmo alfa de las ondas cerebrales coincidía con el ritmo terrestre y que había que comprobar si esto era correcto. El Dr. Schumann se dio cuenta de su posible utilidad en medicina y tuvo la idea de encargar el estudio a uno de sus alumnos que tenía que hacer su tesis de doctorado. Este alumno se llamaba Herbert König, más tarde yerno del Dr. Ernest Hartmann, descubridor de las radiaciones terrestres que afectan a los seres vivos, y posteriormente fue el sucesor del Profesor Schumann en la Universidad de Munich. El Dr. König, después de muchas mediciones, pudo determinar que el valor exacto no era de 10 hertz, sino de 7,8 hertz, que es la frecuencia del hipotálamo y es la única frecuencia que es común en todos los mamíferos, incluyendo el hombre. Para entender la importancia del hipotálamo, tenemos que saber que regula el hambre, el apetito y la saciedad por medio de hormonas y péptidos, así como el nivel de glucosa y ácidos grasos en la sangre. El hipotálamo anterior disipa el calor y el hipotálamo posterior se encarga de mantener la temperatura corporal constante, aumentando o disminuyendo la frecuencia respiratoria y la sudoración. La porción anterior y posterior del hipotálamo regula el ciclo del sueño y de la vigilia, lo que se llama ritmo circadiano. Mientras el ritmo alfa varia, de una persona a otra, oscilando entre los 7 y los 14 hertz, la frecuencia de 7,83 hertz es una constante normal biológica, y funciona como un verdadero marcapaso para nuestro organismo. Sin la existencia de esta frecuencia la vida no sería posible. Este hecho se comprobó con los primeros viajes espaciales fuera de la ionosfera, en donde los astronautas, tanto los rusos como americanos, regresaban de sus misiones espaciales con complicados problemas de salud. Al estar un cierto tiempo fuera de la ionosfera les faltaba esta frecuencia vital de 7,83 hertz. Se solucionó el problema mediante unos generadores de ondas Schumann artificiales.

 

Uno de los experimentos efectuados por los científicos espaciales fue la construcción de una especie de bunker subterráneo aislado magnéticamente. Durante varias semanas de experimentos en ese lugar pudieron comprobar que, después de algunos días sometidos a una variación de frecuencia magnética distinta, se producían los mismos problemas de salud, como dolor de cabeza, alteraciones en el ritmo cardiaco, falta de coordinación, disminución en la concentración e impotencia. Luego comprobaron que si se generaban artificialmente pulsaciones de 7,83 hertz durante un breve tiempo, las condiciones de salud de los voluntarios se volvían a estabilizar. Hay personas que sufren efectos de éste tipo, especialmente problemas cardiacos cuando esas frecuencias de ondas Schumann se ven interferidas por las tormentas electromagnéticas solares. Actualmente se utilizan modernas terapias mediante aparatos generadores de ondas Schumann y de ondas geomagnéticas, retornando los efectos vitales necesarios para mejorar el entorno de los seres vivos sometidos a la contaminación ambiental por radiaciones nocivas.  La Tierra se comporta como un enorme circuito eléctrico y su atmósfera es un conductor débil. Si no existieran fuentes de carga, su electricidad característica se disiparía rápidamente. Existe una misteriosa “cavidad” entre la superficie de la Tierra y el borde interno de la ionosfera, entre los 10 y más de 50 kilómetros, con un flujo de corriente vertical entre el suelo y la ionosfera de unos 1800 amperios según los cálculos. La resistencia de la atmósfera se estima en unos 200 ohms y el voltaje potencial variable oscila entre 200.000 y 400.000 voltios. Se sabe que hay en promedio más de 500 tormentas eléctricas en un momento dado en todo el mundo. Cada una produce entre  0,5 y 1 amper de corriente, y estas medidas sirven para medir la capacidad de corriente en la cavidad resonante de la Tierra. Las resonancias Schumann son oleadas casi constantes de ondas electromagnéticas que existen en esta cavidad. Como ondas en un estanque, no están presentes todo el tiempo, sino que necesitan ser ‘excitadas‘ para ser observadas. Parecen estar relacionadas con la actividad eléctrica en la atmósfera, particularmente durante los tiempos de intensa actividad de relámpagos, que ocurren a distintas frecuencias entre los 6 y los 50 ciclos por segundo, específicamente 7,8, 14, 20, 26, 33, 39 y 45 hertz, con una variación constante que las puede modificar en algunas décimas de hertz.

 

Hasta ahora, cuando las propiedades de la cavidad electromagnética de la Tierra permanecían inalterables, estas frecuencias se mantenían invariables. Pero parece que se ha producido algún cambio debido al ciclo de manchas solares y a cambios en la ionosfera de la Tierra como respuesta al ciclo de 11 años de actividad solar. Como la atmósfera de la tierra lleva una carga eléctrica, no es nada sorprendente encontrar dichas ondas electromagnéticas resonantes, pues forman parte de dicha atmósfera y sus influencias nos llegan directamente,  produciendo los efectos que hemos descrito antes. Las edificaciones modernas, con sus  grandes estructuras de hormigón, los cables de alta tensión y las grandes antenas forman grandes jaulas de Faraday que impiden la propagación de las ondas pertenecientes a este campo natural y, por lo tanto, afectan seriamente estas frecuencias Ahora bien, se cree que la resonancia Schumann constituye quizá la base del de percepción extrasensorial (PES), de tipo radar, para todos los seres vivos. Distintas frecuencias  pueden ser absorbidas y re-emitidas por cualquier objeto, según esquemas de interferencias específicos. Estas “ondas que resuenan” pueden modularse intencionalmente en frecuencia o en su forma, para provocar bienestar o con fines destructivos.  Como ejemplos de los distintos fines, podemos señalar las ELF (muy baja frecuencia) y las ULF (ultra baja frecuencias). Se cree que éstas frecuencias se están manipulando deliberadamente mediante la tecnología. HAARP, que es un programa denunciado por diversos activistas ecológicos y por grupos científicos. Todo parece indicar que el ritmo vibratorio de nuestro medio ambiente, el motor fundamental de toda la vida sobre nuestro planeta, está seriamente amenazado por las manipulaciones humanas de la ionosfera, tal como parece se hace con la tecnología del programa HAARP.

 

Como la mayoría de los descubrimientos científicos, la resonancia Schumann tiene su parte buena o mala, dependiendo del uso que se le dé. Robert Beck, investigador y físico, hizo investigaciones sobre la actividad de las ondas cerebrales de los llamados “sanadores” en distintas culturas y religiones, (mediums, chamanes, radiestesistas, curanderos, reikistas, etc), que, independientemente de sus sistemas de creencias, manifestaban comportamientos de modificaciones de la resonancia Schumann casi idénticos en el momento de sus acciones de “curación“: Se producía una actividad de ondas cerebrales de 7,8 a 8 hertz, que duraba de uno a varios segundos y que se sincronizaban sorprendentemente con las pulsaciones geo-eléctricas de la Tierra. Según Robert Beck:  “El ADN, los ventrículos cervicales y las estructuras celulares del cuerpo humano pueden funcionar como antenas que detectan y descifran las señales ELF globales y locales“. Beck sugiere que los cristales líquidos, que son elementos intrínsecos de las membranas celulares, actúan como mecanismos de detección, amplificación y memorización para los esquemas de frecuencia ELF existentes en el medio ambiente. Las proteínas tienden a orientarse según frecuencias ELF, que resuenan a 10 herz y que son muy  sensibles a los cambios de frecuencia ELF.  La estructura y la organización de los tejidos vivos son controladas por el ADN.  Es por todo ello que existe una estrecha relación entre los desórdenes del comportamiento humano y los períodos de perturbaciones solares y magnéticas. Algunos estudios pusieron de manifiesto que las personas sometidas a un aislamiento con respecto a los ritmos electromagnéticos normales, desarrollarán irregularidades y ritmos fisiológicos caóticos. Estos ritmos son restablecidos por la intervención de un campo eléctrico de 10 herz. Las anomalías geomagnéticas, como tensiones tectónicas o perturbaciones del campo geomagnético, pueden inducir algunas formas de percepción paranormal, tales como alucinaciones visuales y auditivas, o los TLT (transitarios del lóbulo temporal). El lóbulo temporal es una parte del cerebro, localizada frente al lóbulo occipital, aproximadamente detrás de cada sien, que desempeña un papel importante en tareas visuales complejas, como el reconocimiento de caras. Asimismo, es la “corteza primaria de la audición” del cerebro. También recibe y procesa información de los oídos, contribuye al equilibrio, y regula emociones y motivaciones, como la ansiedad, el placer y la ira.

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El lóbulo temporal medial, que forma parte del lóbulo temporal, incluye un sistema de estructuras anatómicamente relacionadas que son básicas para la memoria declarativa o recuerdo consciente de hechos y eventos, que incluye la región del hipocampo. Este sistema está relacionado fundamentalmente con la memoria y funciona junto con la neo-corteza para establecer y mantener una memoria a largo plazo. Diversos estudios sobre el magnetismo terrestre sugieren que el norte magnético se está desplazando y ésta variación de frecuencia provoca una alteración de la percepción del tiempo. Hay sitios en donde la frecuencia magnética a aumentado desde 7,8 a 8 hertz hasta frecuencias de 12 hertz. Y se considera que al acercarse a los 13 hertz, la percepción se altera y un día de 24 horas parece ser de cerca de 16 horas o menos. La resonancia Schumann, que podemos considerar el latido del corazón de la Madre Tierra, ha sido de 7.8 ciclos durante miles de años. Pero desde 1986 ha estado creciendo ininterrumpidamente. En este momento la frecuencia media está próxima a los 11 hertz. Este hecho sirve de apoyo a quienes creen que estamos cerca de un cambio de Era en la Tierra, ya que se considera que el cambio de Era se produce al llegar a los 13 hertz. Es el “Punto Cero” o cambio de Era  que ha sido predicho, entre otros, por los antiguos Egipcios, los Mayas, o los Incas.  Estos cambios se cree que han ocurrido cada 13.000 años, la mitad del tiempo de los 26.000 años ligados al ciclo completo de la Precesión de los Equinoccios. Los antiguos astrónomos descubrieron el movimiento precesional completo del Sol a través del fondo de las constelaciones y se calculó la longitud de este Ciclo en unos 26.000 años. El “Punto Cero” se cree que coincide con una inversión de los polos magnéticos. Y, según los cálculos, ello podría suceder en los próximos años. Se pronostica que después de este “Punto Cero”, el Sol se elevará por el Oeste y se pondrá por el Este. En ambientes esotéricos se afirma que este cambio nos introducirá en una cuarta dimensión. Y se dice que la resonancia Schumann está actuando en los seres humanos reconfigurando el ADN de una doble hélice a 12 hélices y  convirtiendo al ser humano en un ser más intuitivo que racional.

 

Se sabe que la ionosfera nos protege de las radiaciones mortales que nos llegan del Sol y del espacio. Y actualmente, mediante ondas de radio de alta frecuencia, se pueden taladrar agujeros en esta cobertura protectora, corriendo con el terrible riesgo de terminar con la frágil evolución planetaria y humana. Las consecuencias podrían ser devastadoras, causando daños irreversibles. El proyecto HAARP, también conocido como “Arpa del Diablo“, es tan polémico como peligroso. Sus defensores hablan de ventajas de carácter científico, geofísico y militar. Pero sus detractores están convencidos de que podrían tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta, que podrían ir desde peligrosas modificaciones en la ionosfera, hasta la manipulación de la mente humana. Nick Begich y la periodista Jeanne Manning realizaron una investigación al respecto, planteando la hipótesis de que el proyecto HAARP podría tener peores consecuencias para nuestro planeta que las pruebas nucleares. Nick Begich es el hijo mayor del fallecido congresista de los Estados Unidos de Alaska, del mismo nombre. Es muy conocido en Alaska por sus actividades políticas. Fue elegido dos veces presidente de la Federación de Profesores de Alaska y el Consejo de Educación de Anchorage. Ha estado defendiendo una investigación científica independiente durante la mayor parte de su vida. Nick Begich recibió su doctorado en medicina tradicional por la Universidad Internacional Abierta para las Medicinas Complementarias en noviembre de 1994. Es co-autor con Jeane Manning de Angels Don’t Play This HAARP; Advances in Tesla Technology. Begich también es autor de Earth Rising – Toward a Thousand Years of Peace y The Betrayal of Science, Society and the Soul, escrito con Roderick James. También es editor de Flashpoints Earthpulse, una nueva serie de libros de ciencias. Begich ha publicado artículos en los campos de la ciencia, la política y la educación y es un conferenciante muy conocido en los Estados Unidos y en otros diecinueve países. Ha aparecido como invitado en miles de emisoras de radio que informan sobre sus actividades de investigación, incluyendo las nuevas tecnologías, la salud y la radiofrecuencia, las resonancias Schumann y las ELF. Begich ha encontrado once patentes de radiofrecuencia basadas en la tecnología Tesla.  En ellas se especifica cómo hacer “explosiones de tamaño nuclear sin radiación”, flujos de energía radiante, sistemas de radar sobre el horizonte, sistemas de detección para misiles que lleven cabezas nucleares, pulsos electromagnéticos, antes producidos por armas termonucleares y otros ingenios análogos. Este conjunto de patentes sirvieron de base al sistema de armas HAARP.

 

Gracias a la investigación realizada por Begich y Manning consiguieron sacar a la luz extrañas consecuencias relacionadas con el clima y con las conductas humanas. Por ejemplo, los documentos de la Fuerza Aéreas revelaron que había sido desarrollado un sistema  para manipular y perturbar los procesos mentales humanos a través de pulsos de radio-frecuencia ELF, la base de HAARP, en grandes áreas geográficas. El material más contundente acerca de esta tecnología vino de los escritos de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de EE.UU durante la administración del presidente Carter, y JF MacDonald, asesor científico del presidente Johnson y profesor de Geofísica en la UCLA, ya que escribió sobre el uso de energía emitiendo transmisores para la guerra geofísica y ambiental. Los documentos analizados por Begich en su obra Controlling the human mind muestran cómo pueden ser causados estos efectos, así como sus efectos negativos en la salud humana y el pensamiento. Las posibilidades de perturbación mental de HAARP son las más preocupantes. Más de 40 páginas del libro presentan decenas de notas en relación de los documentos y patentes, una crónica de la labor de los profesores de Harvard, los planificadores militares y científicos, que ayudaron a planear y probar este uso de tecnologías electromagnéticas. Begich y Manning están convencidos de que, a través del proyecto HAARP, se estaría enviando hacia la ionosfera un haz de partículas electromagnéticas orientadas y enfocadas que estarían contribuyendo a su calentamiento. Sin embargo, la versión oficial insiste en que el HAARP es solo una investigación académica cuyo objetivo es cambiar las condiciones de la ionosfera con el fin de obtener mejoras en las comunicaciones mundiales. Con la puesta en marcha del proyecto HAARP, los militares conseguirían un arma altamente destructiva. El 14 de junio del 2012 la doctora Rosalie Bertell falleció a los 83 años tras una larga enfermedad pulmonar producida por un cáncer. Era una extraordinaria mujer y una notable científica conocida internacionalmente por sus trabajos en que denunciaba los efectos ocultos de la radiación de bajo nivel sobre nuestra salud. Tuvo la valentía de acusar al lobby atómico, a sus agencias como la CIPR, la AIEA y también a la OMS de mentir sobre el coste real de la energía nuclear, tanto civil como militar, escondiendo sus víctimas actuales y su efecto catastrófico sobre las generaciones futuras.

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La doctora Rosalie Bertell se pasó toda su vida denunciando la locura del complejo militar industrial, basándose en los efectos verificados de la contaminación radiactiva y en la irresponsabilidad de construir las armas climáticas. También ha denunciado la naturaleza esencialmente antidemocrática de estas actividades, pues es un hecho que nunca ha habido ningún debate público acerca de estos programas nucleares o de geoingeniería. La doctora Rosalie Bertell ha trabajando incansablemente para la promoción de la paz, de la justicia y de un mundo mejor. Rosalie Bertell nació en 1929, en Búfalo, Nueva York, EE.UU. Rosalie Bertell sabía desde joven que entraría en un convento y tomaría la vida religiosa a pesar de que gozó de su hogar, escuela y vida social. Se unió efectivamente a la congregación cristiana de Hermanas Grises del Sagrado Corazón en 1958, casi con 30 años. En su adolescencia, cuando tenía 16 años y al final de la segunda guerra mundial fue cuando se perpetró el terrible ataque atómico de Estados Unidos sobre Japón, que la marcó durante toda su vida. Rosalie Bertell hizo su carrera científica y, a la vez, de activista preocupada por la salud de la humanidad, de todas las formas de la vida y, especialmente, por los efectos destructivos de la radiactividad. Obtuvo un Doctorado en biometría en la Universidad Católica de América, Washington, DC., en 1966, así como las licenciaturas en Biología, Bioquímica y en Matemáticas, con aplicaciones en la radiobiología y biomedicina. Ha estado trabajando, desde entonces, básicamente en epidemiología ambiental, ejerciendo durante más de cuatro décadas en Estados Unidos, Canadá, Japón, Islas Marshall, Malasia, , Alemania, Ucrania, Irlanda etc. De 1969 a 1978 Rosalie Bertell trabajó como canceróloga geriátrica en el Instituto de investigación del Roswell Park Cancer Institute. Realizó trabajos sobre el cáncer y particularmente sobre la leucemia, en relación con la contaminación radiactiva. De 1971 a 1980 fue consultora en la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos, y del Ministerio del Medio Ambiente y de la Salud en Canadá. Rosalie Bertell ha actuado como consultora de gobiernos locales, provinciales y federales, así como para organizaciones de ciudadanos. Participó en varias comisiones estadounidenses de investigación sobre el impacto de la energía nuclear en la salud pública. El gobierno ruso recurrió también a sus servicios después del desastre de Chernobyl. Asimismo trabajó para víctimas de la contaminación industrial, tecnológica y militar.

 

La doctora Rosalie Bertell ha trabajado con países subdesarrollados en su lucha para preservar los derechos humanos, la salud y la vida frente a la contaminación industrial, tecnológica y militar. También lo hizo para los indígenas de su propio país afectados por la contaminación de las minas de uranio. Como epidemióloga no se mantuvo aislada de la gente sino todo lo contrario: “Tomé mis ideas de la gente sobre lo que se empezó a llamar epidemiología descalza para tratar de documentar de forma científica lo que les estaba sucediendo a las personas que estaban en la dirección del viento o aguas abajo de algunos contaminantes de la industria, y proporcionarles un documento científico que pudieran utilizar políticamente”. En sus observaciones, la doctora Rosalie Bertell también discute como defender la diversidad, en oposición a los programas de privatización monocultural mundialista y las guerras incesantes para apropiarse de los recursos escasos. Formó parte, como directora, de la comisión médica internacional de Bhopal, que investigó las consecuencias del desastre provocado por la empresa Unión Carbide en la India, considerada como la mayor catástrofe química de la historia. Asistió a gente de Filipinas con problemas que provenían de la basura tóxica dejada por los militares de Estados Unidos en sus bases militares abandonadas de Subic y Clark. Trabajó con el gobierno de Irlanda para sostener que Gran Bretaña es responsable de la contaminación radiactiva del mar irlandés. Ha asistido a los veteranos de la guerra del Golfo y a los ciudadanos iraquíes que se ocupaban de la enfermedad llamada síndrome de la guerra del Golfo debida a la munición de uranio. Viajó por todo el mundo para ver, estudiar e informar a la población sobre los efectos de la industria nuclear y de la contaminación radiactiva. Su trabajo como consultor independiente se ha centrado siempre en los grupos que eran más vulnerables y que estaban más amenazados por la radiación que otros, tales como mujeres y niños; gente aborigen, trabajadores en las minas de uranio y en las instalaciones nucleares. Cuando su vida fue amenazada en una carretera por un extraño accidente, que probablemente fue un atentado, se trasladó a Canadá, adoptando la ciudadanía de este país.

 

La doctora Rosalie Bertell fundó en Canadá, y en 1984, el International Institute of Concern for Public Health (IICPH), un instituto canadiense que se preocupa por difundir información sobre la salud pública. El IICPH es una tentativa de institucionalizar su preocupación cada vez mayor por la supervivencia humana en el planeta. Con los trabajos de la doctora Rosalie Bertell y de otros autores, el centro promueve la educación y la información sobre opciones vitales: “Nuestro trabajo intenta centrar la atención en la necesidad de la seguridad para la aldea global, resolviendo su necesidad del aire limpio, el agua, los alimentos y un hábitat sano, así como fomentar la transparencia en la cooperación y el desarrollo“. La doctora Rosalie Bertell fue también miembro fundador de la Comisión Internacional de los Profesionales de Salud, y de la Asociación Internacional de Medicina Humanitaria. Fundó la Comisión Médica Internacional sobre Chernóbil, que convocó el tribunal sobre violaciones de los derechos humanos. La Comisión investigó los efectos del accidente de Chernóbil y puso en marcha un tribunal que efectuó un juicio internacional. Este tribunal condenó la actuación criminal de la de Energía Atómica y de otras agencias como la Organización Mundial de la Salud, que han colaborado activamente en falsificar las evidencias científicas y en ocultar los efectos de la catástrofe. En el libro Manual para estimar los efectos de salud de la radiación ionizante (1984) y en el libro Ningún peligro inmediato. El pronóstico para una tierra radiactiva (1985), se revelaron documentadamente los peligros de la radiación en dosis bajas. El libro describe en detalle los efectos de la radiactividad generalmente ignorados. No sólo las altas tasas de cáncer que provoca, sino también cómo la exposición a las radiaciones ionizantes artificiales afecta a la totalidad del cuerpo humano y de los seres vivos. En un discurso pronunciado en Oslo, Noruega, en 1990, la doctora Rosalie Bertell señaló que la radioactividad aumenta la susceptibilidad a “muchas enfermedades diferentes, incluyendo el deterioro del sistema inmunológico, malformaciones congénitas, abortos, enfermedades crónicas a largo plazo, mutaciones genéticas (lo que implica daño continuo y la degradación de la herencia genética, es decir del porvenir) así como leucemias y otras enfermedades de la sangre. Tomad, por ejemplo un solo átomo de plutonio en un tejido pulmonar. Desintegrándose, proyecta partículas de energía a través de las células vivas. Como ustedes saben, una célula no está vacía; es un sistema vivo lleno de diferentes tipos de materia, con distintas tareas en el cuerpo. No podemos sentir nada de esta desintegración a nivel celular. Pero ocasionará daños. El daño que puede causar más problemas en un sistema global como el ser humano, es el daño en el núcleo de la célula. Porque en el interior del núcleo está el material cromosómico que conserva el modelo de lo que debe ser la célula. Si usted cambia esto, cambia lo que produce la célula. Si cambia una célula y esta es todavía capaz de reproducirse, se convertirá en dos células con cromosomas dañados, lo que puede resultar en un crecimiento exponencial de células que ya no funcionan correctamente”.

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En 1990 la doctora Rosalie Bertell también escribió: “No hay nada como la exposición a la radiactividad para producir daños. La probabilidad de que las células sean dañadas es del 100%. La siguiente pregunta es: ¿de qué afectación te preocupas?”. La doctora Rosalie Bertell también ha advertido del peligro de las repetidas exploraciones radiológicas médicas como las mamografías. Como miembro del grupo de 46 expertos internacionales que elaboró un informe para el Comité sobre riesgos radiactivos del Parlamento Europeo, en 2003 resumió así las consecuencias de las radiaciones en los sistemas biológicos: “El concepto de aniquilación de las especies entraña el final –relativamente rápido y deliberadamente provocado– de la historia, la cultura, la ciencia, la reproducción biológica y la memoria. Es el rechazo humano más extremo del don de la vida, un acto que exige la aparición de una palabra nueva para nombrarlo: omnicidio”. Pero con ser grave la contaminación radiactiva, no el único peligro con el que nos enfrentamos, gracias a los militares y a las élites que los financian. En los últimos años, la doctora Rosalie Bertell también ha denunciado el proyecto HAARP y otros relacionados con las armas climáticas, incluyendo el programa denominado “la guerra de la galaxias“. Todos son programas militares del Pentágono estrechamente relacionados y también tienen el mismo objetivo, que es ampliar la dominación global por tierra, mar y aire, incluyendo el espacio. Según Rosalie Bertell, todas ellas son armas de destrucción masiva. Ya en 1996 Rosalie Bertell escribió que: “la capacidad del HAARP / Spacelab para enviar una gran cantidad de energía, comparable a una bomba nuclear, a cualquier lugar de la tierra a través de láser y haces de partículas, es escalofriante”. Advirtió que HAARP no era un experimento aislado y que iba a ampliarse, ya que “se relaciona con cincuenta años de programas intensos y cada vez más destructivos para comprender y controlar la atmósfera superior“. Estaría asociado con la construcción de laboratorios espaciales de los Estados Unidos. Por ello: “El proyecto es probable que se venda al público como un escudo espacial contra armas entrantes, o, para los más crédulos, un dispositivo para la reparación de la capa de ozono”. En su libro Planeta tierra: El arma más reciente, Rosalie Bertell hace un estudio crítico de las agendas militares ocultas para construir nuevas armas climáticas, como el proyecto HAARP. En dicho libro expone cómo durante muchas décadas los militares ha ido realizando, secretamente, numerosos experimentos, incluyendo varias explosiones nucleares a altos niveles de la ionosfera, que pueden perturbar las capas fundamentales de la atmósfera que nos protegen contra la letal radiación solar y cósmica.

 

La doctora Rosalie Bertell señala que estos experimentos se realizan, a menudo, sin siquiera discutir con expertos no militares los enormes riesgos que implican para la preservación de la vida y que ya han contribuido al deterioro de las condiciones climáticas. Las armas climáticas amenazan con desestabilizar todavía más el ecosistema, causando graves efectos tectónicos, desestabilizando los sistemas agrícolas y ecológicos y llevando a una devastación planetaria en términos ambientales, pero también económicos y sociales. Esto no es algo nuevo, ya que desde los años cincuenta del siglo XX el Pentágono está trabajando en este tipo de armas, y no precisamente a pequeña escala. Así, por ejemplo, desde 1958 se intenta manipular la ionosfera y el campo geomagnético terrestre, haciendo explotar varias bombas atómicas en los cinturones de Van Halen con fines militares. En la década de 1960, Zbigniew Brzezinski, el ex asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter y fundador, con David Rockefeller, de la Comisión Trilateral, escribió en su libro Between Two Ages, que: “La tecnología pondrá a disposición, de los líderes de las principales naciones, técnicas para llevar a cabo una guerra secreta, de la cual sólo habrá que evaluar a un mínimo número de las fuerzas de seguridad. Las técnicas de modificación pudieran emplearse para provocar largos periodos de sequía o de tormenta“. En este sentido, la doctora Rosalie Bertell ha publicado diversos artículos sobre las armas climáticas. En una de sus conferencias explicó los conceptos fundamentales de geofísica y rastreó los orígenes de las armas climáticas que los científicos militares estadounidenses están utilizando. Los métodos incluyen la desviación de ríos de vapor en la atmósfera del planeta, así como la manipulación de la ionosfera y del campo geomagnético terrestre con el objetivo de aumentar la intensidad de las tormentas, provocar sequías o inundaciones, producir , apagones generales, etc., en donde los militares quieran. Pero aunque Rosalie Bertell se dedicó a investigar las armas climáticas, no abandonó sus investigaciones en el tema crucial de la contaminación radiactiva. Rosalie Bertell creía que la II guerra mundial nunca terminó, ya que Estados Unidos y la mayoría de los países continúan armándose, creando una economía y alimentando una mentalidad de guerra permanente. Rosalie Bertell consideraba que la militarización oculta e implacable es la amenaza más grande para el medio ambiente y para la vida en la tierra. Actualmente, desafortunadamente, sus predicciones sobre el desastre medioambiental resultan ser cada vez más ciertas.

 

Según la doctora Rosalie Bertell, HAARP forma parte de un sistema integrado de armamento, que pueden tener consecuencias ecológicas devastadoras. HAARP podría contribuir a cambiar el clima bombardeando intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia, convirtiendo las ondas de baja frecuencia en alta intensidad. Ello podría también afectar a los seres humanos, y no se puede excluir que también posea efectos tectónicos. El físico estadounidense Bernard Eastlund hace referencia a un “método y un equipo para cambiar una región de la atmósfera, ionosfera y/o magnetósfera“. Se dice que el Proyecto HAARP forma parte del arsenal de armas del Nuevo Orden Mundial bajo la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). La Iniciativa de Defensa Estratégica fue un sistema propuesto por el Presidente de los Estados Unidos el 23 de marzo de 1983 en para utilizar sistemas basados en tierra y en el espacio a fin de defender Estados Unidos contra un ataque nuclear con armas balísticas estratégicas, tales como misiles balísticos intercontinentales y misiles balísticos lanzados desde submarinos. La iniciativa estaba enfocada más hacia la defensa estratégica que hacia una política ofensiva, como la anterior de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD). La Organización de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDIO) fue puesta en marcha por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en 1984 para supervisar la Iniciativa de Defensa Estratégica. Se considera que se podrían desestabilizar economías de distintos países mediante manipulaciones climáticas. Y lo que es más significativo, ello puede ser implementado sin que el enemigo tenga conocimiento de ello y sin comprometer a personal o equipo militar como ocurre en una guerra convencional, lo que resultaría en la desestabilización de sistemas agrícolas y ecológicos de los países considerados enemigos o rivales. Lo deseable, pero no probable, es que la resonancia Schumann se utilice para hacer el bien y no para hacer el mal. Según Nikola Tesla, las ondas de baja frecuencia que se obtienen al excitar la ionósfera alteran también nuestro cerebro. Tesla creía que todo lo que puede hacerse químicamente en el cerebro puede hacerse eléctricamente. Esto es algo que se ha comprobado hasta cierto punto a través de la foto-estimulación y su naciente industria de las máquinas de luz y sonido, que envían frecuencias de luz a ciertos ritmos para inducir a las ondas cerebrales a cambiar su frecuencia hacia estados alpha, beta, gamma o theta. Según Tesla: “Si podemos controlar este sistema de resonancia electrónicamente, podemos controlar el sistema mental de la humanidad“. Algunos dicen que este es el gran secreto de Nikola Tesla y las bases científicas que subyacen en el proyecto HAARP.

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Antes nos hemos referido a los elecrojets aureales o corrientes de Birkeland. Pero, ¿qué son? Kristian Birkeland, físico e inventor noruego, nació en Oslo, Noruega, el 13 de diciembre de 1867. Es recordado como el primero que explicó la naturaleza de las auroras boreales. Profesor en la Universidad de Oslo, llevó a cabo investigaciones sobre el magnetismo terrestre y las auroras boreales. Desarrolló, junto con con Samuel Eyde, el procedimiento Birkeland-Eyde, un proceso industrial para la obtención de compuestos nitrogenados mediante la oxidación del nitrógeno atmosférico. Escribió su primer artículo científico a la edad de 18 años. Birkeland propuso en 1908, en su libro The Norwegian Aurora Polaris Expedición 1902-03, que las corrientes eléctricas polares, hoy denominadas electrojets aurorales, estaban conectadas a un sistema de corrientes que fluyen a lo largo de las líneas del campo geomagnético, dentro y fuera de la región polar. Se conocen hoy en día como corrientes de Birkeland en su honor. El libro contiene capítulos sobre las tormentas magnéticas en la Tierra y su relación con el Sol, el origen del mismo Sol, el cometa Halley y los anillos de Saturno. Birkeland patentó 59 inventos entre los que destacan, el cañón eléctrico, apagadores eléctricos, el radio-teléfono, un aparato mecánico para la sordera y una máquina eléctrica de rayos X. Pero el invento más célebre de Birkeland fue la producción de abono artificial para plantas. Birkeland fue nominado para el Premio Nobel en siete ocasiones. Falleció en Tokio el 15 de junio de 1917. Una corriente de Birkeland es una corriente eléctrica en un espacio de plasma, más específicamente partículas cargadas que se desplazan a lo largo de las líneas de campo magnético. Por ello las corrientes de Birkeland también son llamadas corrientes alineadas con el campo. Las mismas son causadas por el movimiento de plasma en forma perpendicular a un campo magnético. A menudo las corrientes de Birkeland poseen una estructura magnética en filamentos o similar a una “soga retorcida“.

 

Originalmente las corrientes de Birkeland se referían a corrientes eléctricas que contribuyen a formar las auroras boreales, causadas por la interacción del plasma en el viento solar con la magnetosfera de la Tierra. La corriente circula en dirección Este por el lado naciente de la ionosfera terrestre, alrededor de las regiones polares, y hacia el espacio por el lado poniente de la ionosfera. Estas corrientes de Birkeland en épocas modernas son llamadas electrojets aurorales, tal como ya hemos indicado. Las corrientes fueron predichas en 1903 por el explorador y físico noruego Kristian Birkeland, quien realizó expediciones al círculo ártico para estudiar las auroras boreales. Carl-Gunne Fälthammar profesor emérito del Laboratorio Alfvén en Suecia, escribió en 1986: «Una razón por la cual las corrientes de Birkeland son especialmente interesantes es que, en el plasma que las transporta, ellas producen varios procesos físicos como ser, ondas, inestabilidades y formación de estructura fina. Estos a su vez producen la aceleración de partículas cargadas, tanto positivas como negativas, y la separación de elementos (tal como la eyección preferencial de iones de oxígeno). Ambas clases de fenómenos poseen una importancia astrofísica que va más allá de la comprensión del espacio inmediato que rodea al planeta Tierra». Las corrientes de Birkeland en una aurora pueden alcanzar valores de 1 millón de amperios. debido a ello pueden calentar la alta atmósfera, lo que produce un incremento en la fuerza de rozamiento que actúa sobre los satélites artificiales ubicados en órbitas de baja altitud. Los físicos especializados en plasma creen que muchas de las estructuras que presentan filamentos en el universo deben su origen a las corrientes de Birkeland. El físico norteamericano Anthony L. Peratt (1992) destaca que “Sin importar la escala, el movimiento de partículas cargadas producen campo magnéticos propios que pueden actuar sobre otras aglomeraciones de partículas cargadas. Plasma en movimientos relativos se acoplan mediante corrientes que interaccionan entre sí“.  La Tierra se encuentra envuelta y protegida por la atmósfera. Luego viene la troposfera o tropósfera, que es la capa de la atmósfera terrestre que está en contacto con la superficie de la Tierra. Tiene alrededor de 17 km de espesor en el terrestre y solo 7 km en los polos, y en ella ocurren todos los fenómenos meteorológicos que influyen en los seres vivos, como los vientos, la lluvia y las nieves. Además, concentra la mayor parte del oxígeno y del vapor de agua. En particular este último actúa como un regulador térmico del planeta. Sin él, las diferencias térmicas entre el día y la noche serían tan grandes que no podríamos sobrevivir. Por ello es de vital importancia para los seres vivos.

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La troposfera es la capa más delgada del conjunto de las capas de la atmósfera. La temperatura en la troposfera desciende a razón de aproximadamente 6,5 ºC por kilómetro de altura, por encima de los 2000 metros de altura. A continuación tenemos la estratosfera o estratósfera, que es una de las capas más importantes de la atmósfera terrestre, que se sitúa entre la troposfera y la mesosfera, y se extiende en una capa que va desde los 10 hasta los 50 km de altura aproximadamente. La temperatura aumenta progresivamente desde los −55 °C de la tropopausa hasta alcanzar los 0 °C de la estratopausa, aunque según algunos autores puede alcanzar incluso los 17 °C o más. Es decir, en esta capa la temperatura aumenta con la altitud, al contrario de lo que ocurre en las capas superior e inferior. Esto es debido principalmente a la absorción de las moléculas de ozono, que absorben radiación electromagnética en la región del ultravioleta. Luego tenemos la ionósfera o termósfera, que es la parte de la atmósfera terrestre ionizada permanentemente, debido a la fotoionización que provoca la radiación solar. Se sitúa entre la mesosfera y la exosfera, y en promedio se extiende aproximadamente entre los 80 km y los 500 km de altitud, aunque los límites inferior y superior varían según distintos autores y se quedan en 80-90 y 600-800 km respectivamente. Por otra parte, algunos consideran que la alta ionosfera constituye el límite inferior de la magnetosfera, solapándose ligeramente ambas capas, entre los 500 y 600-800 km. La ionosfera también se conoce como termosfera, por las elevadas temperaturas que se alcanzan en ella, debido a que los gases están en general ionizados. Si el Sol está activo, las temperaturas en la termosfera pueden llegar hasta los 1500 °C. Sin embargo, estas elevadas temperaturas no se corresponden con la sensación de calor que tendríamos en la troposfera, ya que en la termosfera la densidad es muchísimo más baja. Los gases aparecen ionizados porque esta capa absorbe las radiaciones solares de menor longitud de onda, como los rayos gamma y rayos X, que son altamente energéticos. Entre las propiedades de la ionosfera encontramos que esta capa contribuye esencialmente en la reflexión de las ondas de radio emitidas desde la superficie terrestre, lo que posibilita que éstas puedan viajar a grandes distancias sobre la Tierra, gracias a las partículas de iones cargadas de electricidad presentes en esta capa. Además, en esta capa se desintegran la mayoría de meteoros, a una altura entre 80 y 110 km, debido al rozamiento con el aire, lo que da lugar a las llamadas estrellas fugaces. Pero las estrellas fugaces no son el único fenómeno luminoso que ocurre en esta capa. En las regiones polares las partículas cargadas, que son portadas por el viento solar, son atrapadas por el campo magnético terrestre incidiendo sobre la parte superior de la ionosfera y dando lugar a la formación de las auroras.

 

Los cinturones de Van Allen se sitúan a distancias superiores y tienden a captar las partículas energéticas que tratan de irrumpir en la Tierra desde el espacio exterior. Los cinturones de Van Allen son unas zonas de la magnetosfera terrestre donde se concentran las partículas cargadas. Son llamados así en honor de su descubridor James Van Allen. Fueron descubiertos gracias al lanzamiento del satélite estadounidense Explorer 1, que fue en principio un fracaso debido a su forma alargada, que, junto con un sistema de control mal diseñado, entorpeció el ajuste a la órbita. Estos cinturones son áreas en forma de anillo de superficie toroidal, en las que protones y electrones se mueven en gran cantidad en espiral entre los polos magnéticos del planeta. Una aurora polar es un fenómeno en forma de luminiscencia que se presenta en el cielo nocturno, generalmente en zonas polares, aunque puede aparecer en otras zonas del mundo durante breves períodos. En el hemisferio sur es conocida como aurora austral, y en el hemisferio norte como aurora boreal, cuyo nombre proviene de Aurora, la diosa romana del amanecer, equivalente a la griega Eos, y de Bóreas, que en la mitología griega es el dios del frío viento del Norte que traía el invierno. En Europa comúnmente aparece en el horizonte con un tono rojizo, como si el Sol emergiera de una dirección inusual. Una aurora se produce cuando una eyección de partículas solares cargadas choca con la magnetósfera de la Tierra. Esta magnetósfera que nos rodea obedece al campo magnético generado por el núcleo de la Tierra, formada por líneas invisibles que parten de los dos polos, como un imán. Además existen fenómenos muy energéticos, como las eyecciones de masa coronal que incrementan la intensidad del viento solar. Cuando dicha masa solar choca con nuestra esfera protectora, estas radiaciones solares, también conocidas con el nombre de viento solar, se desplazan a lo largo de dicha esfera. En el hemisferio que se encuentr

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