Traducido por el equipo de editores de SOTT en español

¿Por qué es tan importante la auto observación si quieres ejercitar tu inteligencia? Porque mucho de lo que interfiere con un pensamiento eficaz no se debe a una falta de capacidad o poder cerebral, sino a la propia mente reactiva. Miremos algunos ejemplos.

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“Observarse a sí mismo ayuda al hombre a darse cuenta de la necesidad de cambiarse a sí mismo. Al observarse a sí mismo, un hombre se percata de que la observación de sí provoca ciertos cambios en sus procesos internos. Comienza a comprender que la observación de sí es un instrumento de auto-cambio, un medio para el despertar.” – G.I. Gurdjieff

Juan abre un libro sobre la filosofía moral, y le hace mucha ilusión leerlo. Pero lo que le hace ilusión no es tanto la idea de descubrir nuevas ideas. Lo que realmente le hace ilusión es la confirmación de sus propias creencias, y descubrir nuevos argumentos para defenderlas y poder convencer a los demás de su validez.

Claro, esto es normal. La mayoría de nosotros compramos libros que están basados en ideas que ya compartimos, ¿no es así? Los capitalistas compran libros que tratan de las virtudes del mercado libre, los creacionistas compran libros que señalan los fallos en la teoría de la evolución y los activistas del medio ambiente compran libros que hablan de los daños que le estamos causando al planeta. Esta tendencia de por sí no es ni dañina ni de extrañar. Sin embargo, limita nuestro pensamiento cuando no la reconocemos en nosotros mismos y, por lo tanto, no tenemos en cuenta los sesgos que crea.

Por supuesto que esto va más allá de los libros. De hecho, “compramos” ideas todos los días en el ambiente intelectual que nos rodea. “Pagamos” por estas ideas al invertir en ellas nuestro tiempo y ego. Pero no vemos cuán a menudo nos fijamos sólo en aquellas que afirman nuestra forma de pensar ya existente. Y debido a esa falta de consciencia que resulta de una falta de auto observación, nos perdemos hechos e ideas que nos podrían llevar a una mayor comprensión.

Viendo nuestros propios sesgos

Supón por ejemplo que un hombre cree firmemente que “una persona es responsable por sus acciones.” Como resultado de esta filosofía, no sólo rechaza ciertas ideas sino que le pueden resultar ofensivas. Por ejemplo, cuando lee sobre un estudio que dice que la mayoría de los criminales tienen deficiencia de cobre, le molesta porque presupone que es un ataque sobre la idea de la responsabilidad personal. “Sólo están facilitando a que la gente se quite de la responsabilidad por su comportamiento,” diría.

Ahora bien, si no tiene la costumbre de observarse, no se va a dar cuenta de que esto no es razonamiento, sino una reacción. Incluso le puede parecer que tal ciencia es peligrosa y mal intencionada. ¿Y si se observa y se da cuenta de la naturaleza reactiva de su pensamiento? Entonces puede cuestionar lo que cree, o buscar una nueva manera de incorporar nuevos hechos a su pensamiento.

Con ésta y otra información científica acerca de las “causas” físicas y psicológicas del comportamiento, puede llegar a una mayor comprensión. Incluso puede decidir que la gente generalmente no es responsable por sus acciones pero que pueden serlo si así eligen. Al tener esta idea, podrá notar que su mente reactiva está diciendo, “pero tenemos que hacerlos responsables porque si no, todos serán criminales.” Observa que éste es el miedo que apoyaba su anterior creencia. Y al ver eso, puede pensar, “no, sólo tienen que ser encarcelados si presentan un peligro para los demás – eso no requiere creer en la culpabilidad personal” ni sugiere que otros se convertirán en criminales si no los llamamos “pecadores”.

Esa es una posibilidad. La otra es que al ver que hay cosas que animan a la gente a cometer crímenes, él todavía cree que las personas son responsables de sus actos, pero ahora reconoce que el contexto no es irrelevante. Todos somos más débiles en ciertos momentos después de todo, por todo tipo de razones, y reconociendo que esto no es una negación de la responsabilidad de nuestras acciones. Quizás corregir las deficiencias nutricionales, tratar los problemas psicológicos y proporcionar un mejor ambiente para la gente conducirá a que muchos menos de ellos tomen la elección de hacer cosas malas.

Sea cual sea la manera en que él cambia su forma de pensar o amplía su entendimiento, esto ocurre debido a la auto observación. La conciencia de sí mismo que obtiene como resultado le deja ver sus prejuicios y trabajar para superarlos.

Esto tampoco se trata sólo de ejemplos filosóficos como las indicados. El simple orgullo sobre las propias teorías de la biología, la economía o la vida familiar puede cegarnos a ideas mejores si no se reconoce como una fuerza limitante. Tener miedo a admitir la ignorancia es otro asesino mental. Hay todo tipo de otras cosas que suceden dentro de nosotros también. La propia mente inconsciente arroja muchos obstáculos en el camino del pensamiento claro, y la auto observación es lo que nos permite despejar el camino para una mejor capacidad intelectual.

En los niveles más altos, una mejor capacidad intelectual no se puede separar de una mayor conciencia de sí mismo. ¿Cómo te vuelves más consciente de ti mismo? Algunas personas recurren a la meditación, y este es un buen comienzo. Esto ayuda a entablar un acuerdo con la “mente de mono”, lo que se describe como la mente a menudo salta de un pensamiento a otro como un mono inquieto en un árbol, saltando de rama en rama. La idea es “domesticar” a ese aluvión de pensamientos que está siempre ocupado.

Las prácticas de meditación te ayudarán a observar las cosas con más claridad, concentrarte mejor, y tal vez pensar de manera más eficiente. Sin embargo, eficiente no significa necesariamente eficaz. Un coche perfectamente afinado aún te puede llevar a un destino equivocado, ¿verdad? La conciencia de sí mismo, entonces, comienza con esta observación meditativa de la “charla” en tu mente, pero para lograr un pensamiento más poderoso tienes que mirar más profundamente, para ver el contenido de esos pensamientos e identificar los patrones y los prejuicios que trabajan allí, los cuales a menudo son inadvertidos por ti.

Con eso en mente, aquí están algunos de los sesgos más comunes y otros patrones de pensamiento que pueden interponerse en el camino de una mejor capacidad intelectual.

Pensamiento efectivo – Tres escollos

Sesgos de la Fuente

No somos siempre conscientes de que estamos bajo la influencia de un sesgo en contra de la fuente de una idea. Por ejemplo, incluso un científico muy racional puede descontar las teorías de otro, sin darse cuenta de que tiene tanto que ver con su aversión a la persona como con los méritos de las ideas. Si dudas de esto, puedes probártelo a ti mismo con un experimento. Diles a 100 personas, “John Wayne dijo que los ciudadanos tienen el deber de luchar por su país cuando su gobierno se lo pide. ¿Están de acuerdo?” A continuación, haz la misma declaración a otras 100 personas, pero comienza con “Adolfo Hitler dijo …” Mira cuántos están de acuerdo con cada versión.

Se puede adivinar los resultados sin hacer el trabajo. Sabemos por experiencia que, el lugar de donde llegan la información, las ideas, o incluso la evidencia, ayuda a determinar cómo las personas perciben estas cosas – incluso cuando no hay ningún motivo racional para diferenciar (es racional, por supuesto, ser más escéptico de la información de una fuente con una justificada reputación de ser poco fiable). Es común observar este sesgo, pero también es común asumir que “yo no soy así.” Por supuesto que todos estamos sujetos a este patrón de pensamiento ordinario.

Para superar esto, entonces, tenemos que ser conscientes de ello en nosotros mismos. Podemos empezar a hacer preguntas como: “¿Cómo me siento acerca de esta fuente, y puede ser que eso afecte a mi forma de pensar?” Puedes odiar la inclinación de un canal de noticias en particular, por ejemplo, y así descartar la importancia de algo que ellos informan. Al reflexionar, te das cuenta de que a pesar de la inclinación política de sus informes, nunca inventan hechos, y que si hubieras visto la misma historia en una estación diferente habrías pensado de manera diferente acerca de la misma.

Aquí hay otro enfoque: Cuando sientes una reacción negativa o positiva fuerte a una idea, evidencia o información, imagínate por un momento cuál sería tu respuesta/reacción si oyeras lo mismo de una fuente diferente. De hecho, imagínate varias fuentes y presta atención a lo que hace tu mente. Probablemente, todos hemos oído a un amigo defender las ideas de su político favorito, a pesar de que sabemos que denunciaría las mismas ideas si vinieran de alguien que no le gustaba. Para ver si, y en qué medida, esto está sucediendo en ti mismo, haz este pequeño ejercicio mental lo más honestamente posible.

Prejuicios filosóficos

Todos tenemos algunas ideas fundamentales sobre diversos aspectos de la vida. No me atrevo a llamar a esto una “filosofía”, debido a que estos pensamientos no siempre son consistentes ni conscientemente formulados en una persona. De hecho, las perspectivas filosóficas inconscientes de muchas personas contradicen las creencias conscientes. Por ejemplo, un hombre puede expresar abiertamente las creencias capitalistas y aún así sentir que el negocio es de alguna manera “sucio”, tal vez debido a experiencias de la infancia.

Ya sea consciente o no, nuestras “inclinaciones” filosóficas pueden afectar nuestra capacidad de pensar clara y racionalmente acerca de las cosas. Por ejemplo, supongamos que una mujer tiene un sentimiento o filosofía básico/a de que el trabajo duro hacia las metas es lo que nos hace felices. Luego lee acerca de un estudio que encontró que aquellos que no podían nombrar rápidamente tres objetivos personales específicos eran más felices que los que sí podían. ¿Cuál podría ser su respuesta?

He inventado ese estudio, por cierto. Sin embargo, si fuera real, podría ser fascinante llevarlo más lejos y ver por qué las personas sin metas definidas eran más felices. Sin embargo, dado el sesgo filosófico básico de esta mujer, parece probable que ella podría empezar a hacer preguntas como: “¿Cómo medir la felicidad?” y “¿Por qué tienen que nombrar sus metas rápidamente?” Estas son preguntas válidas, pero probablemente un desafío reactivo a la validez del estudio en lugar de un intento de llegar a la verdad. O para decirlo de otra manera, la “verdad” a la que ella quiere llegar se interpone en el camino de mirar honestamente la evidencia y aprender algo nuevo.

Antes de que veamos conscientemente las implicaciones lógicas de una idea, nuestra mente inconsciente ya las ha descubierto, y ha causado una sensación incómoda si contradicen otras creencias importantes. Entonces reaccionamos de acuerdo con este “procesamiento”, y es posible que incluso nos sintamos obligados a defender nuestra respuesta -que es donde entra la racionalización. Si le preguntáramos a esta mujer por qué atacó tan rápidamente el estudio en lugar de explorar las fascinantes implicaciones de sus conclusiones, ella podría decir, “Porque hay tanta mala ciencia por ahí.” Es cierto, tal vez, pero tendríamos que preguntarnos si ella hizo lo mismo con los estudios que confirmaron sus inclinaciones filosóficas.

Con la auto observación desarrollamos más conciencia de nosotros mismos. ¿Cómo se aplica eso aquí? Cuando reaccionas rápidamente a algo, no te permitas crear “razones” para defender tu reacción. En vez de eso, busca las causas que pueden haber estado escondidas bajo la superficie. ¿Qué creencias importantes tienes que podrían ser desafiadas o confirmadas por esta nueva información o idea?

Sesgos sociales

Si pensamos de cierta manera porque todos nuestros asociados y amigos lo hacen, puede ser debido al miedo al ostracismo del grupo. Imagínese si un científico encontrase evidencia de un aspecto físico de los pensamientos. Tal vez se anticipe a imaginar el ridículo por parte de sus compañeros al que se enfrentará si él menciona una hipótesis tan radical, por lo que ignora lo que encontró, y deja de pensar en ello.

Este sesgo se utiliza comúnmente en contra de nosotros. Una persona comienza con una declaración: “Todos sabemos que …” y sin importar que lo que “todos sabemos” sea cierto o no, se nos ha advertido de que vamos a ser vistos como un “extraño” si no estamos de acuerdo. Esto es más bien un argumento de intimidación antes que una declaración de lo obvio, pero a menudo es más sutil que esto. Por ejemplo, hay un acuerdo tácito entre muchas personas de que nunca deben señalar que la acción afirmativa (contratar minorías a propósito) se ajusta a la definición exacta de la contratación discriminatoria. Propongo que esa “exactitud” social no sólo intimida a la gente en el silencio, sino que impide pensar con claridad (y la discusión racional, sin duda) sobre algunos temas.

Puede haber buenas razones para limitar lo que dices, pero ¿por qué limitar lo que piensas? Pregúntate qué pensamientos incómodos has tenido a veces. A continuación, realiza un experimento sencillo. Imagínate si vivieras en un lugar donde todo el mundo estuviera de acuerdo con esas ideas. ¿Te sentirías más cómodo para explorarlas? Tú puedes estar sesgado y limitado por las creencias de los que te rodean.