Manual mínimo para identificar operaciones de bandera falsa

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Originally posted 2015-12-07 00:55:55.

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En el plano de la atmósfera mediática y perceptiva, vivimos tiempos turbios. Los vacíos del momento permiten que sobre ese plano operen con mayor intensidad agresiones mediáticas, operaciones psicológicas y otros elementos de la guerra postmoderna.

imagen: Wikimedia
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La no existencia de una oposición política real, el tanteo yanqui (de mierda) de forzarnos a la agenda excepcional y la acumulación de factores violentos legitimables por un sector de la población acusan la necesidad de que ante los posibles escenarios en lo inmediato -nosotros en la calle y los medios, y el gobierno desde la operatividad institucional- hagamos el ejercicio de imaginación en el cual el peor de los escenarios, el verdadero hecho conmocionante de la opinión y la vida diaria producto de un acto terrorista, se manifieste con toda su violencia.

Dadas las dificultades para lograr predecir estos eventos (así los organismos de inteligencia se hayan granjeado unos cuantos tantos en su trabajo desmontando agendas terroristas) y graduando esa capacidad imaginativa inherente a la política (y la guerra), nuestro objetivo fundamental consiste en que los operadores en la zona oscura de la violencia irregular al menos no cuenten con el factor sorpresa.

Lo que pretendió ocurrir ayer, 24 de marzo, con el sádico rumor del “robo de niños” es un ejemplo plausible de que la inteligencia social chavista no pisará esa clase de peines. Demuestra, también, que muchos estamos en total capacidad de verle de frente el rostro a la manipulación informativa y al cuestionamiento del discurso de la muerte.

Pero la gran diferencia entre una operación de bandera falsa y lo de ayer radica en que lo segundo se trató de un rumor, de un no-hecho comunicacional (rumor) harto intoxicante. Mientras que la esencia funcional de una operación de bandera falsa parte de un hecho concreto, real y específico, en el que luego se le impone una “interpretación” interesada.

Bandera falsa, propaganda de la catástrofe y propaganda de guerra: definiciones

Operación de bandera falsa: desde Nerón incendiando un tercio de Roma para construir la Domus Áurea (un descomunal palacio) pasando por el atentado de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 hasta el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines sobre el sureste ucraniano y el caso Charlie Hebdó, las operaciones de bandera falsa como táctica política de Estados u otras agrupaciones de poder ha sido una constante táctica (y terrorista) en la historia de la humanidad.

Huelga decir que Estados Unidos, la Otan (con las actividades del Gladio en los 70 del siglo pasado), Israel y Turquía despuntan como los principales “autores” de esta clase de operaciones. Ejemplos de estas acciones abundan considerablemente. En aras de ganar tiempo y espacio, aquí puede consultar algunos renombrados casos.

Por otro lado, se puede definir como propaganda de la catástrofe un hecho que no ocurrió pero que se promueve como cierto, como se atestiguó ayer, mientras que propaganda de guerra es un hecho consumado en el que se pretende responsabilizar al contrario así las pruebas conduzcan hacia otra dirección y se esclarezca, como pretendió capitalizar de forma desembozada la ultra nacional con el trágico incidente de la muerte del muchacho Kluiverth Roa a finales de febrero.

Cerrando la diferenciación, dentro de esta secuencia lógica el terrorismo de bandera falsa lo constituye un hecho estremecedor, concreto, que se salda muchas víctimas y que fue promovido por un grupo para responsabilizar al otro.

En sus tres grados de intensidad, todos conducen al mismo propósito: un cambio de opinión sobre aliados del objetivo, la consolidación del responsabilizado dentro del expediente criminal, la caída de un gobierno o la justificación “formal” para un casus belli (el reconocimiento, en jurisprudencia internacional, que sustenta razones legales para ir a la guerra).

En definitiva, se tratan de acciones tácticas de alto calibre y magnitud que de ser exitosos aceleren los pasos para el cumplimiento de objetivos prioritarios en lo estratégico. Todas en el marco de las operaciones psicológicas (psy-ops).

(Algunos) elementos operativos (y generales) en el plano de la percepción y la opinión pública

  • Que tales acontecimientos, ciertos o no, presupongan una carga estremecedora muy por encima de lo habitual para la opinión pública, capaces de producir rabia, indignación, aturdimiento y desazón colectiva.
  • La “elección temática” o real de elementos suficientemente capaces de abordar la fibra sensible del público cautivo que obstruya todo raciocinio. No produce el mismo efecto que secuestren adultos a que tal desgracia le ocurra a un niño.
  • Que tal carga estremecedora nuble en el momento necesario (el inmediato apostando a la conducción de las consecuencias por parte del interesado) la posibilidad de contrastarlo, cuestionarlo o criticarlo antes de que se active la “respuesta” calculada y planificada de antemano. Instalar la versión única.
  • Que la falta de pruebas gire en torno al hecho en sí como forma de intensificar la narrativa a instalar.
  • El uso y abuso de los sopechosos habituales en instaurar la matriz única (caso 11 de septiembre, caso Charlie Hebdó) y el silencio al desafío o cuestionamiento a la percepción instalada (como lo fue el caso Llaguno 2002 en un primer momento).

Hechos y elementos en el contexto venezolano

Desde principios de año, la lista de hechos provocadores, intentos de torcer acontecimientos o instalar mentiras políticas por la vía comunicacional (así como “brazos” por la vía económica), es enorme.

Casos muy específicos como los efectos del “Informe Stratfor”, la muerte de Kluiverth Roa y los necrófilos rumores de ayer 24 de marzo deben tomarse tanto como actos de guerra psicológica como globos de ensayo. Esto último porque así no hayan concretado un objetivo principial sirven para medir las reacciones de amplio espectro dentro de la escena nacional y regional. Y deben verse también como una acumulación de circunstancias que podrían apuntar a una acción de mayor envergadura.

El ritmo y el tiempo político impuesto por la declaración Obama y su trasfondo de apuntalar una primavera venezolana sin primavera sugiere la existencia de un vacío dentro de esa narrativa que debe ser llenado (por las malas). Varios factores podrían contribuir a ese acto de complementariedad necesaria:

  • La supina, inútil y patética tragicomedia de la MUD y sus variables de autosuprimirse verdaderas posiciones y propuestas políticas reales.
  • El empleo de factores de la guerra irregular para llevar a cabo el acometido: mediocracia y redes sociales capaces de fabricar una atmósfera, sicariato y paramilitarismo orientado a provocar un asesinato conmocionante o una masacre, ciberataques u operaciones negras en áreas estratégicas a lo Amuay 2012 (sabotaje industrial o militar).
  • La existencia de elementos que le atribuyen mayor peligrosidad o impacto a tales acciones. El último mes hemos presenciado la explotación del factor infancia o juventud temprana. El muchacho Roa como expresión puntal de las pretendidas protestas a finales de febrero y principios de marzo en Valera y San Cristóbal compuesta por muchachos y muchachas adolescentes con el activo de la desmemoria reciente y la ignorancia intrínseca, más el estímulo de los operadores habituales que destacan una muy peligrosa tendencia en este tipo de actos.
  • Las reacciones en torno a los últimos procedimientos de Estados Unidos encontraron una respuesta contundente en lo nacional y lo regional en vez de una fuga a lo interno o el pliegue automático a su posición por parte de otras naciones. Un hecho estremecedor puede establecer presión en la posición de los países más vulnerables a la influencia geopolítica gringa.

Todos estos factores reales, ciertos y posibles en el frágil marco del presente globalizado pueden serle útil en el timing (la sincronía) que necesite la(s) agenda(s) del laberinto imperial.

Ante tales riesgos y peligros, es prioridad nacional que nosotros estemos en la capacidad psíquica e intelectual de distinguir lo que podría suponer una operación de gran magnitud, a quién beneficia y a quién le interesa, a quién no le importa el precio en vidas que esto pudiera significar y cuáles consecuencias puede producir para alcanzar la legitimidad que hoy en día no tiene la caracterización de Venezuela Bolivariana como una “amenaza extraordinaria e inusual”.

Porque de ocurrir, seremos nosotros mismos en primer lugar quienes tengamos que difundir el mensaje a lo interno y hacia afuera sobre la verdad verdadera de estos hechos ante nuestros compatriotas confundibles y las mentiras que se promoverían y se difundirían al exterior.

Estados Unidos hará lo posible y lo imposible para que un golpe de efecto de esa magnitud juegue a su favor y poder negociar desde una posición de fuerza en la próxima Cumbre de las Américas en la segunda semana de abril. Es decir, ahora mismo.

Fuente: Misión Verdad

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